Hay cosas que solo se aprenden trabajando la tierra. No están en los libros, no te las enseña nadie. Se van grabando con el sol, la lluvia y el silencio de los días de campo.
Acá van tres lecciones que el campo me fue dejando con el tiempo.
1. Todo tiene su tiempo
En el campo no se puede apurar nada. La semilla germina cuando tiene que germinar, no cuando uno quiere. Y eso aplica a casi todo en la vida. Hay que preparar la tierra, cuidarla, esperar. Y confiar.
2. Lo que no se cuida, no crece
No alcanza con sembrar. Hay que estar, mirar, escuchar. El campo te enseña que el cuidado es lo que hace la diferencia entre una cosecha y otra. Lo mismo pasa con los proyectos, con la gente, con uno mismo.
3. El campo siempre da, pero también pide
Trabajar la tierra es un ida y vuelta. Te da frutos, te da paz, te da paisaje. Pero también te pide tiempo, esfuerzo y presencia. Y cuando uno está, el campo responde.
Eso. Tres lecciones simples, como la vida del campo.
Pronto más historias desde el surco.
